“Racconto” de Leonardo Portus: las maquetas de lo ominoso
Una presencia atípica en la escena chilena de las artes visuales es la que ha encarnado Leonardo Portus (1969) desde sus primeras exhibiciones, a inicios de los 2000. De formación autodidacta, desmonta ya con ello los esquemas habituales de un medio artístico estrechamente vinculado a la academia y sus improntas, transmitidas con distintos desplazamientos, una generación tras otra. Portus irrumpió en estos circuitos de arte crítico, proponiendo una relectura de un medio de representación tan antiguo como es el Retablo. Su lugar cotidiano y la memoria material eran algunas de las inquietudes planteadas en estas primeras obras objetuales, inspiradas por el lenguaje de la arquitectura, que se convertiría en un sello de su obra total.
El retablo fue abriendo espacio a la maqueta, y mediante instalaciones, fotografías y otros tipos de montaje – a menudo articulados por estas piezas tridimensionales – Leonardo Portus fue desarrollando un trabajo que pone en el centro del problema a la ciudad, rememorándola, proyectándola e imaginándola.
ENTRE MEMORIA E ILUSIÓN
Su obra ha cautivado a audiencias diversas, al tiempo que despertó el interés de instituciones públicas y privadas. En exposiciones como “¿Esta será mi casa cuando me vaya yo?”(2012), “Estación utopía” (2014), “Habitabilidades modernas” (2017) o “Ciudades (no) blandas” (2019), Portus ha vuelto la mirada a elementos de la vida colectiva, como el arte público, o la integración con el diseño y la arquitectura.
Sus composiciones, realizadas usualmente con materiales baratos y desechos, recrean formas reconocibles del imaginario urbano, en algunos casos edificios y lugares emblemáticos, componiendo escenas que oscilan entre la memoria y la ilusión. Toda esa visualidad remite a los proyectos sociales que formaron parte importante del mandato estatal en un Chile pretérito, elementos orientados a la dignificación de la vida humana como parte integral del desarrollo, traducidos en transporte público, construcción de parques y plazas, vivienda social, conjuntos habitacionales. Gran parte de estas políticas públicas en el Chile del siglo XX fueron influidas por el Modernismo, cuya estética y calidad arquitectónica ha fascinado a Leonardo Portus, convirtiéndolo en todo un tema de investigación en su obra.
El desarrollo de esos modelos fue interrumpido por el golpe de Estado de 1973 y la posterior dictadura cívico militar, hasta 1989. A través de la ciudad y su devenir, Leonardo Portus ha venido realizando una reflexión crítica sobre la historia reciente de su país, que en su actual exposición “Racconto” se interna más directamente en los efectos de aquel periodo. En el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Santiago de Chile), el artista compuso este montaje, que consta de cuatro maquetas, cuatro piezas gráficas y un archivo mural.
Leonardo Portus reconstruye los lugares, en Chile y el mundo, donde fueron perpetrados atentados a destacadas figuras de la política nacional, opositores al régimen. Con el tiempo, se destapó que la planificación de estos crímenes de Estado, conocidos como Operación Condor, fue coordinada entre dictaduras de Sudamérica, mediante sus cúpulas y servicios secretos, con el apoyo de Estados Unidos.
Una maqueta recrea la calle Malabia (actual República Árabe de Siria) en el área de Palermo, Buenos Aires, donde el 21 de septiembre de 1974, una detonación les causó la muerte a quien había sido Comandante en Jefe del Ejército durante el gobierno de la Unidad Popular, el general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. Un segundo atentado, afortunadamente sin resultados mortales, aunque con graves secuelas físicas, afectó a Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno el 6 de octubre de 1975 en la Vía Aurelia, de Roma.
Leighton fue Ministro del Interior y Vicepresidente de la República, durante el gobierno demócrata cristiano, anterior a Salvador Allende. La maqueta refleja fielmente la calle donde sucedió este acto terrorista, y al igual que las otras “locaciones”, está dramáticamente iluminada por un foco directo, semejando la intensa luz que se aplica en los interrogatorios para deslumbrar o cegar a la víctima, como técnica de tortura física y psicológica.
La rotonda Sheridan Circle de Washington D.C. vio quebrantada su belleza, elegancia y apacibilidad el 21 de septiembre de 1976, con la explosión del auto que conducía Orlando Letelier, ex Ministro de Relaciones Exteriores de la Unidad Popular, quien perdió la vida junto a su asistente Ronny Moffit. Y la cuarta maqueta corresponde a uno de los casos que más ha conmovido a la sociedad chilena, ocurrido en el barrio Estación Central, de Santiago, el 2 de julio de 1986, cuando una patrulla militar secuestró y prendió fuego a dos estudiantes: Carmen Gloria Quintana (18 años) y Rodrigo Rojas De Negri (19 años), con un desenlace fatal para él y una dura sobrevivencia para ella.
En el muro de fondo se despliega un gran mural, a modo de archivo forense, que da cuenta con fotografías, dibujos, anotaciones, de toda la búsqueda de Leonardo Portus en su profundización de estos temas. El artista advierte en esta muestra que: “La fantasmagoría de ciertos rasgos pictóricos de las obras también apuntan a lo siniestro posible dentro de nuestro cotidiano, y de que estos lugares pueden replicarse en múltiples situaciones, como un bucle ominoso”.
“Racconto” plantea un ejercicio de memoria individual y colectiva, que según analiza el curador de la muestra José de Nordenflycht, nos sitúa en un “terror congelado de ese siniestro arquitectónico”, una situación incómoda que, al mismo tiempo, permite constar el poder del arte para estimular la consciencia crítica en los espectadores. La exposición estará abierta hasta el 31 de mayo en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en Santiago de Chile.