Agustín González Goytía, una no metodología para la pintura extendida
La pintura expandida que el músico y artista visual tucumano Agustín González Goytía genera a través de sus piezas, suele adentrarnos en una situación atmosférica que superpone paisajes abstractos con reminiscencias espectrales de vestigios patrimoniales. Agustín parte de la experimentación con un lienzo crudo, sin imprimar, que reafirma su materialidad original. Un soporte dúctil, móvil, maleable, que junto a muchos otros se vuelve instalativo.
Birome, grafito, tinta indeleble, telas a veces mojadas, pintura látex y acrílica, son parte de los mundos infinitos de experimentación que este artista utiliza a través de dibujos, chorreados, salpicaduras y la acción continua de lo velado capa sobre capa, registros identitarios de su obra. Son las relaciones con dichas materialidades las que lo desafían, las que definen su trabajo como algo físico. La gran escala lo lleva a desplazarse por el lienzo, abarcarlo, casi como en una conquista.
Generar una ilusión de espacio, una puesta en escena en la que las voces son ecos y las construcciones instrumentos que no terminan de definirse, son fundantes en el derrotero de Goytía. Una simultaneidad de tiempos se hace presente en sus masas de color, en sus dibujos tapados. Cree que la metodología excesiva paraliza, que no debe uno basarse en las constantes. El universo se abre en cambio, más rico y versátil, opuesto a lo unívoco. Para él, lo válido es “lo que te funciona cada día”. La tela se suelta. La atmósfera vale más que el motivo. Lo conceptual no es meramente necesario para el disfrute de pintar, de salpicar la tela, de regarla como a un organismo vivo.
Los fragmentos aparecen en su práctica artística a través del collage, de un paisaje y una vegetación que crece desintencionadamente y se desborda. Como algo que respira, pero de lo cual no se tiene total control. Sumido en la experiencia del estar pintado se ensaya, como en la música, algo que pasa. El revoltijo y lo no metódico se enlazan sin embargo con la manía del hacer, con lo obsesivo de pintar cada día sin saber a priori cual será el camino a recorrer. Una cosa es segura, la compulsión de volver sobre la pintura. El artista trabaja al aire libre, sobre el piso, la tierra y el viento, inmerso en este acontecer.
Me pregunto, cuánto adquieren en peso las piezas de Agustín una vez pintadas, cómo juega en ellas el exceso, la dilución, lo difuso y el espejismo. Entreabrir los ojos para hacer foco en una sala en la que la pintura todo lo inunda, en la que pierdo el sentido de las direcciones porque me siento dentro de la pintura misma.
En las prácticas teatrales de improvisación se reivindica la acción del arrojo como potencia de lo irrepetible. Agustín conoce de estas dimensiones escénicas, de estos telones históricos y fotográficos munidos de solemne artificiosidad sobre los que los actores visten sus mejores galas en un juego de apariencias. Un color lleva al otro de manera intuitiva en superposición permanente.
Hay acontecimientos y procesos que muchas veces se intencionan borrar de la historia. A Goytía le interesa ahondar en los vestigios de dichas acciones, en encontrar esa hilacha de la cual poder tirar y que abre un sinfín de restos y misterios que actualizan el pasado. Su vínculo con lo patrimonial queda así unido al trabajo y apego con las capas del tiempo presente.
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