Arte, Cultura

Matías de la Guerra, crónica de una captura en acción

De vez en cuando, en un famoso cerro de la ciudad de Salta donde ocurren milagros y luces extrañas, se puede ver un punto amarillo moviéndose entre medio de la maleza. Matías de la Guerra realiza su trekking matutino. Nació en 1995, en el mes de Capricornio.
Los registros oficiales datan de sus inicios en 2014, en su exposición en la foto-galeria del Teatro del Huerto. Aunque él sostiene que su primer contacto con el mundo del Arte fue a través de la televisión. Utilisima, Art Attack, Mtv, Disney Channel, E-entertaiment. Pero por sobre todo el gloss de la cultura pop de los 2000, el escándalo de la farándula y los reality tv. Fue becario del Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tela (2019–2020), del Seminario de Arte Contemporáneo en la UCASal, del taller Formar coordinado por Mónica Girón, y de la clínica de obra con Raúl Flores en el marco del Proyecto BOOM (MAC Salta). También participó en el 3er y 4to Coloquio Internacional CIUNSA sobre arte contemporáneo. En 2015, recibió la Beca de Formación del Fondo Nacional de las Artes.

Figura 2: “Peineton”, instalación, Galería Selva Negra, 2022. Fotografía: Cortesía del artista.

Se formó en diseño gráfico y fotografía, lo definen como un artista multimedial-transdiciplinario, el sostiene que simplemente hace de todo. Sus objetos muchas veces emergen desde una imagen y viceversa. El lenguaje iconográfico atraviesa sus producciones con una poética camp y deriva entre la artesanía y la auto-ficción. Autocrata del color, Matías secuestra la mirada hacia sus paisajes internos donde lo íntimo se encuentra con lo esplendoroso, una especie de diversión ingobernable. Sus escenas cuentan anécdotas, chismes y desgracias. Sus amigas son sus musas y el arte, su patio de juegos, su diván, su escenario y su lugar de descanso.

Figura 3: “La Piedad”, fotografía, 2016. Fotografía: Cortesía del artista.

No es raro encontrar primicias donde alguna prensa local desprevenida lo encuentra infraganti confesando sus angustias a Lady Gaga, tomando un vino con FKA Twigs o de after con Lana Del Rey. No es que él lo provoque ni lo busque, aunque no sería prudente confiar demasiado en la versión de los paparazzi. Cuando lo persiguen, se convierten en un dispositivo conceptual.

Figura 4: “Modelos de conducta”, Madrid, 2025. Fotografía: Cortesía del artista.

La apropiación es un recurso que adquiere espesor critico cuando se confronta con discusiones sobre la economía de las imágenes, el derecho de autor y la construcción de sentido desde lo atemporal. El poder de instrumentalizar la función enunciativa de las idols permite cuestionar poéticamente hasta qué punto la industria cultural se apropia del hacer del artista y convierte su figura en poluciones discursivas y materiales. Es así que plantea estas conversaciones con las mothers de los panteones del espectáculo, en encuentros metafísico-queer, donde reflexiona sobre los órdenes de la política de lo iconic y sus tecnologías de representación. El borde de una ficción es su retorno desde lo real.

Figura 5: “Esperando el año nuevo”, montaje digital, 2020. Fotografía: Cortesía del artista.

Sus obras consisten en un transcurrir performativo donde (solo a veces) escenifica reverberaciones de un malestar generacional de una Argentina de principios del nuevo milenio. Una juventud vivida en el último coletazo de monocultura, el y2k, la crisis económica, Much Music, programas de chimentos y la transición hacia las redes sociales. A través de un lenguaje multidisciplinar, sus acciones y objetos recorren un tiempo fragmentario y personal. Lugares de la casa, peines, jabones, prendas, sus obsesiones se convierten en símbolos su historia objetual. En huellas de sus fugas y motines que, de vez en cuando, trae de sus escapadas de al Hollywood decadente.

Figura 6: “Retrato”, 2025. Fotografía: Cortesía del artista.

Sus comentarios están saturados de star system, divas, ironía fashonista y humor editorial. Little Monster, Matías actúa su devoción por un arte con carácter festivo e inquietante. Su trabajo explora el deseo y la vulnerabilidad como fuerzas intempestivas: plásticos y pelos que se atoran en los resumideros de lo impermanente. La retórica del branding, la fama y los medios son el reverso de una monstruosidad hambrienta e hirsuta. Una que duerme en los silencios de los toilletes, cuando éstos se tuercen sobre sus contornos.

Figura 7: “Retrato”, montaje digital, 2025. Fotografía: Cortesía del artista.

Cuando llega a la cima de ese cerro de luces extrañas, se acerca la gruta de la Virgen de Cerro, intenta conectarse a un wi-fi inexistente. Se queja de que no hay internet. Solo se puede sacar unas cuantas selfies mientras diseña su próximo proyecto. La última vez que llevó su computadora fue un fracaso, no había donde conectar el cargador. Observa una vez más. El cuerpo empieza a desbordar, se transforma. Mientras tanto, piensa en que tiene que volver a la ciudad. Piensa en el trabajo por hacer.

Figura 8: “Con las chicas”, montaje digital, 2017. Fotografía: Cortesía del artista.

Matías De la Guerra es un artista que recorre giros afectivos como ontología de su práctica. Donde la corporalidad expandida sobre el espacio se encuentra con la percepción, los tejidos narrativos de la pop culture, y sus simbologías personales. La potencia gestual construye un entramado sinuoso en los que la identidad, los vínculos y el oficio se articulan como destinos materiales diversos. La fantasía insiste como signo de una inquietud que no espera para correr montaña arriba. Mientras que su imaginario convoca a la inocencia como forma de resistencia desde lo bestial…y lo glamuroso. No todo lo que brilla es amarillo.

Figura 9: “Retrato familiar”, montaje digital, 2017. Fotografía: Cortesía del artista.
Enlace: https://www.instagram.com/matiasdelaguerra/
Autor: Francisco López Frías.