El universo simbólico de Mar Pérez
En 2023, Mar Pérez caminaba por una calle de tierra, el sol de la mañana alumbraba su espalda. Los festejos del carnaval ya habían terminado hace bastante. Observó el camino, las casas, los yuyos, el polvo y los desechos. Su pie choca con una lata de espuma artificial, la levantó y se la llevó a su casa. Dos meses después, mientras comenzaba una revolución íntima y silenciosa, tomó un pincel y pintó sobre ese objeto desechado una moneda de oro.
Con este gesto casi inaugural, empieza un proceso de desarrollo artístico y personal que adquiriría dimensiones inesperadas: un arrojo hacia lo desconocido de la mano del tiempo. Su interés por explorar la iconografía, el simbolismo y los materiales encontrados coincide con un momento vital de mucha agitación. Es ahí donde empieza a investigar, a través de la pintura, la puesta en escena de los arquetipos del Tarot más allá de su uso oracular, sino como un dispositivo de movimiento de sentido.
Luego de terminar las primeras 13 piezas, surge la necesidad de plantear un vínculo más sostenido en el tiempo. Algo que se convertiría en un proceso acumulativo, corporizante y reflexivo.
Si sumamos las unidades del número del año 2024 su resultado da 8. En numerología tradicional el 8 significa cambio, la metamorfosis, el paso de un estado a otro. Visualmente es el símbolo del infinito: el continuo transcurrir en el encuentro entre la materia y el espíritu, la continuidad y el ciclo de la vida.
En el tarot, el arcano que representa profundos procesos de transformación es el número 13, La Muerte. O el llamado “arcano sin nombre”, tal vez porque representa lo que todavía no se puede nombrar. Ese es el año que él elije comenzar su proceso de transición como varón trans para morir a una vieja identidad.
Los números son importantes, configuran un código permanente en relación a cómo, cuándo, dónde y en qué estado afectivo es producida cada pieza. Cada pintura es un nuevo momento, que, sin embargo, implica una repetición que va creando un cuerpo/obra que se modifica según la manera en que habita los espacios. Como una especie de ritornelo, el territorio y el cuerpo se superponen y se pliegan continuamente.
Su proceso artístico no es del todo racional, siempre hay algo que lo modifica en alguna medida. La obra también tiene su propio ritmo, su propio comportamiento. La pintura es una escena, un vehículo y a la vez un ritual cotidiano: cada vez que se encuentra con el símbolo ocurre alguna modificación imperceptible, pero contundente. Como lo es una plegaria, un hábito o una hormona.
El soporte empieza con la celebración, con el ritual colectivo de un desentierro, con el exceso, la permisividad, el descontrol y el absurdo. El humor y la ironía forman parte de la materialidad de la obra, el Momo es el bufón de la corte, un entertainer que ridiculiza el poder y las convenciones sociales. Las latas son descartadas y perdidas en la tierra. Son aplastadas, oxidadas, olvidadas, rescatadas y transformadas en objeto de lujo a través de un gesto alquímico, trash y subversivo.
Drama significa acción, hacer, actuar. Implica movimiento. Para Mar, hacer arte es una forma de temporalizar su transición como proceso universal e inevitable. Todo ser humano está sujeto al cambio como ley invariable. Toda transición es un estado donde se suspenden los paradigmas, los relatos y las verdades. Es un momento de incertidumbre, temor y obscuridad, pero también absolutamente pleno de potencial. Cuando caminamos en la oscuridad, lo que nos guía es lo sutil.
Con el cambio del cielo y la tierra se producen el tiempo, las estaciones, los climas, los cuerpos y las historias. Algo muere para que algo nuevo pueda crecer.
Incluso en los pantanos crecen las flores más exquisitas.
A veces el destino de una obra es un museo, una galería o una colección. Otras veces, ese destino es su voluntad de existir en libertad. No sabemos exactamente dónde o cual será el destino de este proyecto, tal vez lo descubramos dentro de 13 años, cuando Mar ya haya muerto mil veces, y renacido mil veces más.
Mar Pérez nació en la ciudad de Salta en 1983. Hijo de una actriz y un pintor. Estudió Artes en la Universidad Nacional de Córdoba. Desde entonces desarrolla una práctica sostenida en la pintura. En paralelo, produce piezas multidisciplinarias que articulan lo visual, lo sonoro y lo escénico. Su recorrido se extiende al ámbito teatral, donde ha trabajado desde distintos roles: escritura, dirección, actuación, producción y casting.
Su participación en Terminal Norte (2021), reciente producción cinematográfica de Lucrecia Martel, fue especialmente destacada. También es músico, bajo el nombre Dpntculos, y formó parte de los grupos Chinha, El Cuchillo Amarelo y Whisky, así como de la compañía teatral La San Luis. Junto a Mario Llullaillaco conforma el dúo Loro. En 2024 participó con Remota en ARCO Madrid y Artissima Torino. En 2025 participó con Central Fine en Art Bassel Miami, sector principal. En el mismo año también participó en Material Méjico junto a Ds gallery de Paris. Vive y trabaja en Salta, Argentina.