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Monitor Ying Yang, un recorrido por el envío argentino a la Bienal de Venecia

La 61° edición de la Bienal de Artes Visuales más antigua del mundo, cuyo lema curatorial de este año es “En tonos menores”, tuvo sin embargo estridentes repercusiones mediáticas en torno a la renuncia del jurado por motivos de política internacional. Dadas las acusaciones de crímenes de guerra que recaen sobre los líderes de Rusia e Israel, y los debates por la inclusión de estos dos países en el evento, se determinó la elección del voto del público como definitorio de la premiación. En clave argentina, las dificultades se suscitaron frente al abandono de fondos por parte del Estado Nacional, quien decidió dejar de pagar los costos de producción, traslado y montaje de la obra enviada, para atenerse a cubrir meramente la seguridad y las expensas del pabellón veneciano.

Figura 2: “Monitor Ying Yang” envío argentino a la 61ª Bienal de Venecia. Fotografía: Estrella Herrera, cortesía de Galería Barro.

El elegido por concurso para representar al país albiceleste fue el proyecto “Monitor Yin Yang” de Matías Duville. El artista de amplia trayectoria internacional, perteneciente a la galería Barro de Buenos Aires, tuvo que contar con apoyos económicos privados de coleccionistas, mecenas y auspiciantes para solventar su instalación site-specific. La curadora a cargo, Josefina Barcia, define el proyecto como “una articulación interdisciplinaria entre video, instalación, sonido y dibujo expandido a escala monumental”, realizado con 30 toneladas de sal y carbón molido en un pabellón de 500 metros cuadrados. El mismo ya ha obtenido grandes aprobaciones por parte de la crítica especializada y de quienes interactúan con él.
La revista Artsy incluyó al envío argentino dentro de los 10 mejores de la Bienal y las repercusiones positivas alcanzan también a miles de visitantes, quienes dejan las huellas de sus pisadas marcadas en el sendero de sal por el que se transita, haciendo crepitar la astringencia de los gránulos, oscureciendo paulatinamente el camino y llevándose en sus suelas micropartículas del mismo.

Figura 3: Josefina Barcia y Matías Duville en la inauguración de “Monitor Ying Yang”. Fotografía: Felipe Bozzani, cortesía Galería Barro.

Una serie de monitores controla el espacio a través de la luz blanca de imágenes de seguridad. El yin y el yang, este par de opuestos complementarios del taoísmo cuyo nombre original chino deriva del binomio oscuro-brillante, nos recuerda que la transformación es continua. El ambiente está tenuemente iluminado y se presta a una experiencia de limbo. El manto blanco se parece a la nieve y respira su humedad ondulante en el suelo. Por encima, las líneas no estrictas del dibujo oscuro y expresivo de Duville.
La sal como residuo oceánico o desértico, como conservadora en el tiempo; el carbón y su opacidad como potencia combustible y de acción destructora. Negro sobre blanco, se replican material y simbólicamente a lo largo de un territorio de desolación petrificada, de cristalizada quietud, de colapso ecológico cuya responsabilidad se vuelve introspectiva. Se trata de un paisaje inmersivo, que instaura una pausa experimental en el recorrido de la Bienal. Una cartografía abierta, un peregrinar por este dibujo a gran escala que se vuelve un fondo mental y un territorio que se activa con el movimiento.

Figura 4: “Monitor Ying Yang”. Fotografía: Cortesía Alfredo Muñoz.

En un famoso cuento de bifurcaciones, Borges afirmaba algo que resuena en la obra de Duville: “el húmedo sendero zigzagueaba como los de mi infancia.” Se hacen presentes los troncos larguísimos de los pinos del sur patagónico o los bosques de una real o imaginaria Alaska, con caminos, casas, volcanes, autos, planetas, peces y ciervos. Y ahí es en dónde se conjugan los sonidos de una complejidad insospechada. Un soundscape creado a partir de un teclado electrónico, un piano y resonancias atmosféricas en colaboración con Centolla Society (proyecto musical que Matías comparte con su hermano Pablo), Alvise Vidolin un músico italiano que se centra en tecnología y el Centro de Sonología Computacional de la Universidad de Padua. Juntos han creado un sistema de monitoreo que hace variar las pistas de acuerdo a cambios en los parámetros ambientales y a los mismos espectadores que transitan la instalación en tiempo real.

Figura 5: “Monitor Ying Yang”. Fotografía: Estrella Herrera, cortesía de Galería Barro.

Asimismo, como complemento a la puesta de “Monitor Yin Yang”, se editó un libro de 216 páginas y edición trilingüe (español, inglés e italiano) que reúne ensayos de Josefina Barcia y Michel Nieva, quien elabora una “Guía práctica para el visitante del Salar de la Previda”, junto a 50 dibujos y fotografías de Duville realizados a partir de viajes. César Aria escribía hace algunos años sobre la obra del artista como una sensación de poesía y una belleza en lo lejano.

Figura 6: La coleccionista argentina Amalia Amoedo. Fotografía: Cortesía Fundación Ama Amoedo.
Como corolario, el envío argentino vivió un momento de cúspide cuando la artista y coleccionista argentina Amalia Amoedo compró la instalación de Duville. “El arte de hoy es para ser vivido y no para ser observado” declaró la mecenas, agregando que la obra reflexiona en torno al tiempo, el paisaje y los recursos naturales, y que el próximo paso es impulsar su presentación en museos de todo el mundo. Una vez más, Duville y sus anzuelos, nos magnetizan.
Enlace:https://www.instagram.com/matiasduville/?hl=es
Autor: Diana Ferullo.